El Nazareno es la esencia de la
Cofradía de Jesús. Cuando pasa elevado sobre el altar del trono en actitud atormentada, pasan lustros de recuerdos nazarenos.
Majestuoso sobre el monte de
claveles, sale el Amigo de siempre,
que volverá
a su templo después de recoger tantas y tantas plegarias,
dispersas
por las esquinas.
Detrás de la Cruz cargada a hombros del Nazareno,
asoma el trono radiante de María de la Redención.
Precede con su luz, al abatido cuerpo
de Cristo en el Sepulcro.
Cubierta con un palio cuajado de
estrellas abrileñas,
cada oración que sube al cielo pasa por sus manos amorosas.
CRISTO
YACENTE A la hora
nona expiró Nuestro Señor Jesucristo y desde la Cruz pasó
al Sepulcro.
Sale la Plaza adelante, acompañado por sus fieles nazarenos
y con sones de música fúnebre.
Avanza Cristo muerto en el Sepulcro
sobre el que Pilato permitió a
José de Arimatea que lo depositaran. En el trono, ramos de flores
proclaman la primavera de la Vida en esta noche de sombras;
lámparas de luz
alumbran los mejores sentimientos de los hombres.
Cuarenta anderos ofrecen el esfuerzo
de sus hombros sin
desmayo, y unas velas
encendidas de marabullos y penitentes,
musitan una oración a la vera del
Señor.