Cofradía de N. P. Jesús Nazareno, María Santísima de la Redención y Santo Sepulcro.
Fundada el 9 de febrero de 1858.

 

Casa Hermandad
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José Rodríguez Jiménez, Hermano Honorario Inicio

 

"A la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, crisol de la fe y devoción del pueblo bueno, noble y sencillo.

Respetuosa con su fecunda y tradicional historia, atenta a los signos de los tiempos y a los estigmas de presente y de futuro. Escuela de formación de sus miembros, lugar de oración y de caridad, instrumento de piedad renovada y de evangelización al servicio de la Iglesia".

Así comienza la dedicatoria de Don José Rodríguez Jiménez escrita en la página 48 bis del Libro 3º de la Hermandad.

La iniciativa. La Junta de Gobierno de la Cofradía en las reuniones habituales celebradas desde principios del año 2010, trató en diversas ocasiones elevar a la Asamblea general la propuesta para que, en uso de las prerrogativas que le confieren los Estatutos, se concediera la distinción de Hermano Honorario de la Cofradía a Don José Rodríguez Jiménez por concurrir en este ilustre cofrade todas las cualidades que le han distinguido en el servicio a la Hermandad. Esta iniciativa culminó el Sábado de Pasión, 27 de abril, primer día del Quinario de 2010.

El nuevo Hermano Honorario. Al finalizar la Santa Misa de ese primer día de Quinario, tuvo lugar la ceremonia de acogida de Don José Rodríguez Jiménez, como Hermano Honorario en el seno de la Cofradía. El Secretario de la misma Don Francisco J. Rodríguez Carricondo solicitó la presencia en el Altar Mayor de la Iglesia de Santa María de Don José Rodríguez Jiménez, del Hermano Mayor Don Pedro Jesús García Sánchez y su esposa Doña Rosa Fernández García, del Vicehermano Mayor Don Pedro J. Silvente Sánchez y del Vocal Don José Javier Alfonso Navarro.

A continuación el Secretario dio lectura al Acta de la Asamblea General Extraordinaria del pasado 8 de marzo donde consta el acuerdo del nombramiento a propuesta de la Junta de Gobierno. Seguidamente tomó la palabra el Hermano Mayor quien dirigiéndose a Don José Rodríguez, dijo:

«Estimado Cofrade y amigo:

 

Es para mi un honor acogerle como HERMANO HONORARIO en el seno de esta Hermandad, que es la suya por derecho propio.

 

Los que hoy regimos los destinos de la Cofradía, somos la generación de herederos de personas que, como usted, son ejemplo de una vida de servicio a Jesús Nazareno vistiendo un hábito morao. Me consta que, de ello, ha hecho usted seña de identidad para mantener una trayectoria profesional y humana que es fiel reflejo de una profunda fe cristiana sin complejos. En su credo no cabe la ambigüedad del fariseo.   

 

Para nosotros, sin la menor duda, su ejemplo de Vida de servicio es una enseñanza que nos orientará por el camino de los valores cristianos, para procurar que nada nos arranque la fe que nos une a Cristo en una Iglesia joven. Esto nos lleva hoy a distinguirle con este reconocimiento que le hago en nombre de todos los cofrades moraos a los pies de Nuestro Padre Jesús Nazareno, a quien pido su Bendición para usted y su familia. Así sea.»

Al finalizar, el propio Hermano Mayor hizo entrega al nuevo Hermano Honorario de un Pergamino Enmarcado con el extracto del Acta de la Asamblea y el texto del nombramiento, y el Vicehermano Mayor le entregó un Cuadro de Nuestro Padre Jesús Nazareno como regalo y recuerdo de la ocasión. Doña Rosa Fernández tuvo la cortesía de entregar un vistoso ramo de flores a Doña Isabel Sánchez, esposa de Don José Rodríguez, quien tras ese intercambio de obsequios pronunció un discurso cargado de palabras de agradecimiento que llenó de emoción el ambiente de expectación general que llenaba el templo.

«Señor Cura Párroco, Hermano Mayor, Junta de Gobierno y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Amigas y amigos. Señoras y Señores.

Sean mis primeras palabras para expresar mi más profundo agradecimiento por el título de Hermano Honorario que la Cofradía de Nuestro Padre Jesús ha tenido la generosidad de concederme. Entiendo, como bien sabéis, se trata de una distinción a los sentimientos nazarenos y a los principios cristianos que comparto con muchos albojenses de todas las generaciones.

Muchas gracias, pues, a don Rafael, nuestro señor Cura Párroco, Arcipreste, Consiliario nato de la Cofradía, sin cuyo beneplácito no cabe pensar en la decisión adoptada, ni en su acogida digna y enriquecedora en las naves entrañables de este templo y en el marco solemne de una celebración litúrgica.

Muchas gracias la Hermano Mayor, don Pedro J. García Sánchez; su presencia al frente de una Cofradía más que secular es garantía plena de futuro para la misma. Bajo su dirección y la de quienes le acompañan, no obstante su antigua implantación, la veo como a una Cofradía joven que camina con la Iglesia, colabora con ella, la sirve y la apoya. Con él tengo en común, entre otras cosas, el número de generaciones que he visto, en la respectiva familia, caracterizada por la devoción a Nuestro Padre Jesús y al Santo Sepulcro, y por su pertenencia activa  a la Cofradía encargada de su culto y promoción.

Hago extensivo idéntico agradecimiento a la Asamblea General, Junta de Gobierno, cofrades, amigos, a todos los que hayan tenido algo que ver con la concesión, a los que nos hacen el honor de acompañarnos y a los que no ha podido venir y se han unido afectivamente.

De modo singular, debo dar las gracias a dos figuras señeras de la Asociación: a don José Giménez Soria, inteligencia preclara al servicio de causas nobles y elevadas, con la admiración que le profeso desde su ingreso, -allá en su adolescencia-, distinguiéndose, desde el primer momento, por su buen hacer Nazareno y por su acendrada religiosidad; al cabo de los años, me complace abundar sobre tan excelente impresión. Y a don Víctor Jiménez Sanz, Hermano Mayor que fue de la Cofradía, artífice de su resurgir y de la época más brillante y fecunda de su historia; le agradezco esta labor y las muchas atenciones que me permitieron mantener vivos mis lazos y relaciones con la Institución, superando lógicas dificultades derivadas del tiempo y de la distancia.

Por último mi agradecimiento por vuestros preciados y preciosos obsequios, de tanto significado piadoso y afectivo. Y por la delicadeza de las flores que habéis entregado, al mismo tiempo, a Isabel, mi esposa.

Cumplido este grato deber de cortesía y gratitud, en lo que se refiere a la otra vertiente de la distinción, la personal, pretendo ser fiel a la máxima que nos legó el Apóstol San Pablo, para que en la vida cristiana no nos gloriemos sino en la cruz de Jesucristo.

Quien les habla nació nazareno y se formó en el seno de una familia consagrada durante generaciones a cultivar la devoción al Divino Redentor y a servir a la Hermandad que lleva su nombre, en muy variadas circunstancias, momentos y avatares históricos, siempre con al  modestia y plenitud de nuestras posibilidades, impulsados por la autenticidad y sinceridad de nuestros sentimientos; precisamente los principios aprendidos en escuela tan inolvidable, conllevan que en todo instante haya tenido y tenga el honor de sentirme nazareno, lo que acrecienta, si cabe, vuestro generoso gesto, por cuanto significa mantener encendida la luz de la fe que profeso, aquella que aprendí de mis mayores.

La Semana Santa constituye un don de Dios, tesoro de la Iglesia, que despierta sentimientos dormidos y aviva rescoldos inextinguibles. La palabra, la conversión, la penitencia, la gracia, -misericordia en suma-; la conmemoración masiva en los templos de la Última Cena del Señor, de su pasión y muerte, la adoración sacramental y al de la Cruz Gloriosa, -amor en suma-, guían al creyente hacia el acontecimiento más importante de la vida de la Iglesia y de la historia de la Humanidad.

Al mismo tiempo, los desfiles procesionales, desde la abnegada, laboriosa, dilatada y compleja preparación que requieren, hasta la manifestación de arte y religiosidad popular, al servicio de la fe, que los culmina, (-contemplación bella, percepción agradable de sus variados componentes, pasos e imágenes surgidas de religiosa inspiración, tronos, ornato y orfebrería, vestuario e insignias, luminosidad espléndida de la primavera, faroles, candelabros y tulipas que lucen hondura y misterio de las noches santas, derroche de aromas y colores que emanan incienso, la cera, las flores y las plantas, sonidos armoniosos de música y cante…sentimientos íntimos de penitentes y fieles que subyace bajo todo ello-), transforman calles y plazas en templos vivos, espontáneos y multitudinarios, expresión de piedad profunda y sentida, catequesis evangelizadora, reflejo de unos hechos históricos, la vida y doctrina de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, Salvador y Redentor del mundo, que nos llama a su encuentro e invita a aceptar el mensaje del Reino de Dios que proclama el Evangelio, mensaje de amor, misericordia, paz, esperanza y salvación.

Recuerdo remoto de la niñez, Jesús con la toalla ceñida en la procesión de la tarde noche del Jueves Santo. Evocación continuada de la anterior conmemoración litúrgica: institución de la Eucaristía, del Sacerdocio y Mandato Nuevo; cúmulo de grandes acontecimientos que colman aquella despedida íntima del Maestro y presagian el drama inminente de la angustia, el abandono, la pasión y muerte del Justo.

Más adelante, tiempos de adolescencia y juventud, Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario, durante la mañana esplendorosa y primaveral del Viernes Santo, que hace brillar las escenas de la Pasión y Muerte del Señor y enciende los corazones de cuantos sentimos la Semana Santa como símbolo de vida y esperanza. La mirada sufrida y atrayente de la imagen, sus labios que parecen insinuar una llamada para que aliviemos el peso de la cruz, la expresión serena y paciente de su rostro ante las afrentas y agravios recibidos, despertaban la devoción agradecida de penitentes y fieles, en una procesión general de largo recorrido desde San Antonio hasta San Francisco. 

En la actualidad, con los nuevos horarios y la organización vigente, nuestro Padre Jesús ilumina, no solo la noche incomparable y misteriosa del Viernes Santo albojenses, sino el sentido y razón de ser de todas las cosas: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”.

El sacrificio en la cruz del Cordero Inmaculado abre la inteligencia ante el plan salvífico de Dios, que redime por amor a toda la humanidad. En su esencia y motivación encuentran sentido todas las cosas y cada uno de los acontecimientos históricos sometidos a reflexión en estos días santos.

Eucaristía: “Prodigio excelso”, misterio y profusión de la entrega amorosa de Dios, presencia real en las especies de pan y vino, renovación diaria de su sacrificio ante el altar, lección permanente e impagable de amor.

Sacerdocio: Respuesta positiva a la llamada de Dios, renuncia abnegada, dedicación absoluta al ministerio sacerdotal, a la Iglesia y a las necesidades de los demás. En palabras del Santo Padre. “La misión del sacerdote es ser mediador, puente que conecta dos realidades aparentemente muy separadas: así lleva al hombre a Dios, a su redención, a la verdadera luz, a la verdadera vida”. Es por todo ello, por la ayuda que nos prestan, por el bien que nos hacen, que, con motivo del presente año sacerdotal les rinda, complacido, homenaje de oración, afecto, respeto, apoyo, honor y reconocimiento, en la persona del venerable sacerdote que tan dignamente nos preside.

Mandamiento nuevo del amor fraterno, del amor sin límites, que nos identifica con el mismo Jesucristo, al que debemos buscar en nuestros semejantes, sobre todo en los más débiles, pobres y necesitados, material y espiritualmente. Actitud sobre la que se nos examinará al final como presupuesto y exigencia de la nota trascendental de la fe que profesamos, cimentada en la Resurrección del Señor que anuncia el Evangelio en su plenitud e integridad.

Y conmovido por tantas experiencias del espíritu, impresionados por la grandeza admirable del perdón y del amor de Dios, sentimos la realidad de aquellas proféticas palabras: “Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” 

Siempre con María, madre de la Redención, nueva donación del amor de Cristo crucificado a la Iglesia y a todos los hombres, junto a la Cruz, asociada a la obra redentora, presente en el dolor, de pie, fuerte y firme ante el abatimiento, conforme con la voluntad de Dios, en Jesucristo su Hijo.

La compañía esperanzada y consoladora de la madre, las nobles vivencias del alma durante los días de Semana Santa, incluida la procesión del Santo Entierro de Cristo, la más sentida e indescriptible manifestación de la religiosidad popular de todos los albojenses, nos animan y preparan para celebrar gozosos la gran Vigilia Pascual y las fiestas de la Resurrección gloriosa de Jesucristo, las más solemnes, alegres y relevantes de la Iglesia y de todos los creyentes, como base esencial y razón de ser de la fe que profesamos.

Antes de terminar, recuerdo el carácter más que secular de los sentimientos nazarenos, que son, realmente, los honrados en este acto, me han inducido a realizar una breve incursión sobre el pasado; pero esta  circunstancia no impide afirmar, con especial énfasis, las exigencias de presente y de futuro que los signos de este tiempo marcan a la actuación de las Cofradías, Hermandades y Asociaciones de Semana Santa.

La sociedad actual suscita motivos fundados de inquietud y preocupación; por otra parte, impulsa a despertar los valores evangélicos que tenemos confiados y a ofrecerlos de manera atractiva a los demás. Resulta pues necesario, además de mejorar y perfeccionar las manifestaciones de culto externo que atienden, fomentar la colaboración de estos colectivos con la Iglesia en la que se insertan, sin limitarla a las específicas de estas festividades, sino extendiéndolas al transcurso de todo el año. La participación de sus miembros en las diversas proyecciones y áreas de actividad de la vida de la Iglesia; su papel coherente y responsable en los ámbitos privado, público y social, dejan a nuestra reflexión la importancia de llenar de contenido religioso, espiritual y social, las tareas, trabajos y actividades de estas asociaciones, adaptándolas a las características, perfiles y necesidades del actual momento histórico, siempre al servicio de Dios y del hombre, por encima del tiempo y de las circunstancias.

Al finalizar, reitero la expresión de gratitud antes formulada. Muy especialmente, doy las gracias a Nuestro Padre Jesús Nazareno, que ha movido loa corazones generosos y la grandeza de alma de quienes me han otorgado el preciado título de Hermano Honorario de la Cofradía. Y le elevo mi canto agradecido, por su protección, gracia y misericordia: “GLORIA Y HONOR A TI. VEN SEÑOR JESÚS”.»

Un sonoro aplauso sonó como broche final de un momento emotivo que encerraba un claro mensaje de continuidad en las tradiciones, como guía de actuación de esta generación de moraos, y de estima por la gran tarea hecha por todos los hermanos que les han precedido, el Hermano Mayor dijo: “Damos por finalizado este acto de acogida a Don José Rodríguez Jiménez”.

El Párroco y Consiliario de la Hermandad, Don Rafael Zurita Jiménez siguió el ceremonial desde el Altar Mayor, y se fundió en un abrazo con el homenajeado a la terminación. Estuvieron presentes, además de la Junta de Gobierno y los de la Tertulia, algunos de los hijos e hijas de Don José Rodríguez, sus nietos y otros familiares.  Por parte de la Cofradía asistieron entre otros muchos Víctor Jiménez Sanz y su esposa Isabel Martínez; Rafael Armada Fernández; José A. García Martínez y su esposa Maruja Sánchez Galera; Pedro Jiménez Sanz y su esposa Encarnita Navarrete; Ana Sánchez Chacón; las Camareras Pilar Gallego García; Ascensión Jiménez Martínez, Juana Alcaraz y Encarnación Castillo; José Miras Carrasco; Marcos Alonso y su esposa, y muchos otros conocidos del Hermano Honorario así como cofrades de otras Cofradías.

Don José Rodríguez Jiménez junto a Don Pedro Sánchez López, a quien se le otorgó el mismo título en la Semana Santa de 1984, son hasta ahora los únicos Hermanos Honorarios de la Cofradía.   

El agasajo.

Al término del Solemne Besamanos a Nuestro Padre Jesús Nazareno, en el Local Social de la Plaza de García Haro, la Junta de Gobierno ofreció a Don José Rodríguez, a su esposa y a los invitados, un aperitivo preparado con exquisito esmero por las hermanas de la Cofradía. Durante el mismo se leyeron los escritos y mensajes recibidos de felicitación y solidaridad al Hermano Honorario.

Tanto en la celebración de la Iglesia como en la del Local Social los asistentes mostraron su especial afecto hacia el Homenajeado, su esposa y su familia, que por otra parte se sintieron acogidos con simpatía por la gran familia morada a la que no escatimaron parabienes. La jornada terminó en medio de la satisfacción general.

Cronología del nombramiento.

La Junta de Gobierno de la Cofradía en las reuniones habituales celebradas desde principios del año 2010, trató en diversas ocasiones elevar a la Asamblea general la propuesta para que, en uso de las prerrogativas que le confieren los Estatutos, se concediera la distinción de Hermano Honorario de la Cofradía a Don José Rodríguez Jiménez por concurrir en este ilustre cofrade todas las cualidades que le han distinguido en el servicio a la Hermandad.

Una vez formalizado el acuerdo por la Junta de Gobierno y con el conocimiento del Consiliario Don Rafael Zurita Jiménez, el Hermano Mayor Pedro Jesús García Sánchez convocó para el día 8 de marzo de 2010 la Asamblea Extraordinaria a celebrar en el Local Social de la Plaza de García Haro en cuyo orden del día figuraba el Nombramiento de Hermano Honorario a Don José Rodríguez Jiménez. Abierta la sesión Pedro J. García Sánchez leyó la propuesta:

Como Hermano Mayor de la Cofradía, en nombre de la Junta de Gobierno y a tenor de lo dispuesto en el Artículo 16º de los Estatutos propone a esta Asamblea, que se otorgue el título de HERMANO HONORARIO a DON JOSÉ RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, por su pertenencia continuada como Hermano de la Cofradía desde 1926, a la que se siente tan vinculado, desde que recibió las aguas del Santo Bautismo, según sus propias palabras; por su contribución a mantener el legado cofrade heredado de su padre el inolvidable Don Simeón Rodríguez Fernández, y por su profunda y filial devoción al Nazareno y al Santo Sepulcro, Misterio de Unidad como él lo califica, cualidades que le han hecho merecedor de esta distinción.

 

Los Hermanos Honorarios constituyen el máximo reconocimiento que la Cofradía otorga a aquellos hermanos que se han distinguido por su servicio a la Hermandad.

 

Esta propuesta de nombramiento tiene el visto bueno del Consiliario Don Rafael Zurita Jiménez».

Sometida a votación la propuesta, se aprobó por unanimidad el Nombramiento y se acordó que la Cofradía prepararía el acto público de acogida del nuevo Hermano Honorario, además de dejar constancia en el libro de Actas.

Con fecha 10 de marzo el Hermano Mayor dirigió una carta a Don José Rodríguez dándole cuenta del Nombramiento, a la que éste contestó con fecha 17 de marzo.

El día 12 de marzo la Web oficial de la Cofradía hacía pública la noticia incluyendo una breve biografía de Don José Rodríguez, noticia que fue publicada en distintos medios locales y provinciales como Somosalbojenses, la Voz de Almería, Teleprensa, la Gaceta de Almería, Diario Almería, y otros.

La ceremonia de acogida se fijó para el 27 de marzo, primer día del Quinario en Honor a Jesús Nazareno, a celebrar en la Iglesia de Santa María. Fueron invitados Don Víctor Jiménez Sanz y Doña Natalia Campos Corchado, como Cofrades ex Hermanos Mayores.

Después de la ceremonia en la Iglesia y el Besamanos a Nuestro Padre Jesús Nazareno, la Junta de Gobierno organizaría un ligero ágape de claro ambiente familiar.

Tanto en el acto público en la Iglesia como el del ágape, se trataría de mantener bien alto el listón de seriedad y protocolo que siempre ha distinguido a la Hermandad que son cualidades con las que ha ganado respeto y miramiento generalizados desde siempre. 

27 de marzo de 2010. Albox, Iglesia de Santa María y Local Social.

 

Fotos.

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Relato escrito en la Pascua de Resurrección de 2010.

 

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